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  • El Carrasco, una bomba de tiempo


    Mil toneladas de basuras se producen en Bucaramanga y su área metropolitana diariamente; sin contar las toneladas de los otros municipios que arrojan sus residuos en el Carrasco.


    Más de treinta años lleva el relleno sanitario El Carrasco en funcionamiento y a pesar de los numerosos intentos de clausurarlo, éste se resiste a desaparecer y a salir de la vida pública santandereana.


    Pelea con las comunidades, fallas en los terrenos seleccionados, problemas con lixiviados (los líquidos que emanan las basuras), sobrevuelos de aves de rapiña, malos manejos de los residuos sólidos, contaminación de fuentes hídricas son algunos problemas que aquejan al Carrasco en sus 38 años de funcionamiento y que tiene en aprietos a muchos buscando su reemplazo.

    La incertidumbre de no contar con un nuevo lugar para la disposición de basuras, incluso después de más de cuatro años desde su última prórroga para la clausura definitiva, pone en alerta a la administración pública y los ciudadanos ya que el basurero recibe a diario por lo menos mil toneladas de residuos sólidos del área metropolitana de Bucaramanga y otros 17 municipios más. 

    El pasado de El Carrasco
    Bucaramanga fue fundada en el año 1622. Desde esa época hasta 1977 los habitantes vertían los residuos en quebradas y ríos pues no había un lugar determinado para hacer un manejo de basuras; o las quemaban. Fue sólo hasta la década de los 70 cuando los desechos se convirtieron en un problema de salud pública y el Municipio pensó en seleccionar un lugar para el depósito de los residuos sólidos.

    Esta tarea le fue encomendada al ingeniero canadiense George Rivoche, quien después de un estudio determinó que el lugar ubicado en la autopista que conecta en la actualidad a Girón con Bucaramanga, y que está cerca del Centro de Eventos y Exposiciones de Bucaramanga ‘Cenfer’, era el indicado para construir un basurero. La gente lo comenzó a conocer con el nombre de ‘El Carrasco’.

    Samuel Prada Cobos, gerente de la Empresa Metropolitana de Aseo de Bucaramanga (Emab) desde el segundo semestre de 2012, cuenta que para esa época no existían las licencias ambientales, lo que explica por qué el vertedero de basura nació en 1978 siendo uno de cielo abierto (Lea entrevista “Cambiar de lugar no es la solución”). 

    Aunque en 1986 la Secretaría Distrital de Salud hizo el primer llamado para cumplir con normas sanitarias, fue sólo hasta 1993, quince años después de la inauguración del vertedero, que la Corporación Regional para la Defensa de la Meseta de Bucaramanga (Cdmb) le exigió a la administración local elaborar un plan para manejar de forma adecuada los lixiviados. 

    La autoridad ambiental hizo esta exigencia porque estos líquidos son tóxicos, contaminantes y además nocivos para la salud.  

    Según un informe de la Procuraduría General de la Nación, posterior a una visita que realizó esta autoridad al relleno, los lixiviados son los responsables de la contaminación de las quebradas La Iglesia y El Carrasco, aledañas al vertedero. Pero no son sólo los ecosistemas los afectados. Los habitantes del barrio El Porvenir, que se estima constituyen alrededor de 6.000 personas, llevan una década quejándose por los malos olores, los gallinazos y la contaminación alrededor de su comunidad.

    La desesperación de los pobladores de El Porvenir los llevó en 2002 a interponer una acción popular ante la Defensoría del Pueblo, pidiendo que el relleno fuera trasladado. Su principal argumento fue que el vertedero atentaba contra sus derechos fundamentales y colectivos a la vida digna, la salud y a un ambiente sano. Leidy Viviana Mojica, coordinadora de Residuos Sólidos de la Cdmb, reconoce que “el Carrasco ha ocasionado graves problemas ambientales y de salud”.

    Tal es la situación de colapso del basurero, que desde 2009 la Alcaldía de Bucaramanga ha declarado tres emergencias sanitarias pero de momento no han llegado a ninguna solución. Como ha ocurrido durante los últimos años (vea la línea de tiempo), tras la emergencia las administraciones municipales lo que hacen es prorrogar los plazos del cierre definitivo de El Carrasco.

    Esta vez el Juzgado Cuarto del Circuito Administrativo de Bucaramanga le dio un ‘tatequieto’ a la Alcaldía, y en septiembre de 2013 se pronunció ordenando sellar de forma definitiva El Carrasco; sin más plazos. La Administración Local está a contrarreloj pues antes del 30 de septiembre de 2015 deberá haber una solución.

    El ‘viacrucis’ de las prórrogas
    La historia del cierre de El Carrasco no es de hace un par de meses. Corría el año 2007 cuando la autoridad ambiental advirtió que cerraría el vertedero si la Empresa de Aseo no lograba la aprobación de una licencia ambiental que certificara el buen manejo de las basuras. Ese año el basurero no cerró pues la solución de la Emab habilitó lo que ellos llaman una “celda transitoria”, es decir, un espacio adicional para aumentar la capacidad del relleno.

    Esta situación se repitió durante 2009, 2011 y 2013 pues en esos años la administración reconoció que el basurero nuevamente colapsaba y decretó tres emergencias sanitarias. El gerente del Emab, Samuel Prada, advierte que la medida de la “emergencia” sólo ha sido un mecanismo usado por la administración municipal para extender más los plazos de cierre definitivo del basurero.

    En los últimos seis años las autoridades responsables de solucionar el problema del basurero, entre ellos, los Alcaldes del área metropolitana, la Cdmb, la Emab, el Área Metropolitana y la Defensoría han realizado estudios y propuesto el desarrollo de un nuevo depósito de basuras en las veredas Chocoa y Peñas, en Girón; en Monterredondo, Piedecuesta; en el corregimiento Uribe Uribe, en Lebrija, y en El Guayabal, en Cúcuta (ver mapa).

    Pero por distintas razones, algunas de ellas son problemas sociales con los pobladores, falta de licencias ambientales y violaciones al Plan de Ordenamiento Territorial (POT), estos municipios fueron considerados inviables, aplazándose una vez más la solución definitiva.


    Lugares discutidos


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